Publicado en Argentina

Nunca se termina el desastre ambiental de la #Argentina

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Una vista de Buenos Aires desde el punto que el Riachuelo desemboca en el Río de la Plata. A la izquierda se puede ver el famoso estadio de Boca Juniors. Crónicas desde hace 200 años ya estaban hablando de la contaminación en el río.

¿Es posible que gastar 5,2 mil millones de dólares para limpiar un río que tiene sólo 64 km de longitud y no obtener prácticamente ningún resultado? Argentina está demostrando que si.

Como el gobierno admitió a la Corte Suprema de Justicia a fines de 2016, que es el monto de fondos públicos asignados desde julio de 2008 para la limpieza del río Matanzas-Riachuelo de 64 kilómetros, que ha sido identificado como uno de los peores casos de contaminación industrial en el mundo.

Los cortes de los ríos a través de 14 municipios, ya que se extiende desde el oeste de Buenos Aires barrio obrero de La Matanza al pintoresco barrio de La Boca, donde desemboca en el Río de la Plata.

Sin embargo, la situación se mantiene prácticamente sin cambios desde mediados del siglo 19, cuando crónicas de la época describen el estado “podrido” del río. Hoy en día se estima que ocho millones de personas viven en la cuenca del río, frente a una grave emergencia ambiental y de salud.

“El río Riachuelo sigue sirviendo de drenaje para las actividades económicas y humanas en la ciudad de Buenos Aires y gran parte del Gran Buenos Aires, como lo ha hecho en los últimos 200 años”, dice un informe de más de 200 páginas Visto por IPS, que la Autoridad de Cuenca de Matanza Riachuelo (Acumar), órgano oficial encargado de la limpieza, presentó ante el Tribunal Supremo el 30 de noviembre de 2016.

“No sólo está altamente contaminado, sino que sigue contaminado”, dijo el documento, que agregó que 90.000 toneladas al año de metales pesados y otras sustancias nocivas están siendo arrojadas al río.  Hoy en día se estima que ocho millones de personas viven en la cuenca del río, frente a una grave emergencia ambiental y de salud.

En la época de la colonia española, fábricas de salazón de carne de oveja y mula se construyeron a lo largo de sus orillas, junto con las curtiembres que procesaban cuero de vaca. Vertido de desechos en el río se convirtió en una práctica común que la convirtió en una verdadera cloaca a cielo abierto, que continuó con las industrias más modernas, como las plantas petroquímicas y la industria cárnica.

En las últimas décadas, las promesas oficiales de limpiar el Riachuelo se han abundado. La que quizás mejor recordada por los argentinos fue hecha por María Julia Alsogaray, ministro de Medio Ambiente bajo el entonces presidente Carlos Menem (1989-1999), que anunciaron que iban a hacerlo en sólo 1.000 días. Un entusiasta Menem dijo que cuando terminaran, nadaba en el Riachuelo.

Al final, el río seguía siendo una amenaza para la salud, Menem decidió no nadar, para proteger su salud, y Alsogaray terminó en prisión por corrupción.

Parecía que esta historia podría comenzar a cambiar en julio de 2008. O eso era lo que pensaba la comunidad ecologista argentina, , calificando unánimemente como “histórico” el fallo del Tribunal Supremo que ordenó a las autoridades nacionales, provinciales y de Río de la Plata limpiar el Riachuelo.

La decisión se basó en un artículo agregado a la constitución en 1994, lo que garantiza a todos los habitantes en el país un “medio ambiente sano” para vivir.

Sin embargo, el escaso progreso logrado hasta ahora fue brutalmente expuesto durante una audiencia del 30 de noviembre de 2016 ante el Tribunal Supremo.

Ese día presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, un experto en ecología designado Embajador de Buena Voluntad para la Justicia Ambiental el año pasado por la Organización de Estados Americanos (OEA), no trató de ocultar su disgusto.

Durante la audiencia, Gabriela Seijo, directora de operaciones en Acumar, dijo que, por ejemplo, hasta el momento sólo 3.147 de 17.771 unidades de vivienda que iban a ser construidos para reubicar a las familias más expuestas a la contaminación se han completado. “Si mantenemos este ritmo, vamos a terminar en 2036”, dijo.

Ante este escenario, el ministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible Sergio Bergman trató de culpar a los gobiernos de los fines de Néstor Kirchner (2003-2007), que fue presidente cuando se creó Acumar, y su viuda y sucesora Cristina Fernández (2007-2015), que era presidente cuando la Corte emitió el fallo.

“La situación que nos encontramos fue terrible. No sólo porque el Riachuelo fue degradado y contaminado en la misma medida que, o peor que, cuando el juicio se dictó, sino también porque el organismo encargado de su limpieza, Acumar, no estaba en condiciones de cumplir con la orden judicial “, dijo Bergman a la Corte.

Sin embargo, el gobierno del presidente Mauricio Macri, en funciones desde diciembre de 2015, y el mismo Bergman han estado en la administración durante más de un año y aún no han avanzado hacia los objetivos establecidos para Acumar, que tiene 900 empleados, muchos de los cuales fueron contratados en 2016.

Se informó de que se han llevado a cabo 34.759 inspecciones en fábricas y se han cerrado 57 plantas, pero todas ellas temporalmente, sin impactos significativos en el medio ambiente.

Según cifras de Acumar, en la actualidad hay seis millones de personas viviendo en la cuenca, de las cuales al menos el 10 por ciento se encuentran en unos 60 barrios marginales y barrios de chabolas.

“Es verdad que Acumar nunca ha hecho un buen trabajo, pero el año pasado fue el más desastroso, hasta el punto de que el presidente del cuerpo ni siquiera compareció ante la Corte Suprema”, dijo el abogado Andrés Nápoli, titular de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), una de las cinco organizaciones no gubernamentales designadas por el Tribunal Supremo para supervisar el cumplimiento de la sentencia, dijo a IPS.

De hecho, Torti no compareció en la audiencia en noviembre y, pocos días después de las malas presentaciones dadas por otros funcionarios, renunció.

Macri nombró como su reemplazo a la legisladora Gladys González, de la coalición gobernante de centro-derecha Cambiemos, que no tiene antecedentes en asuntos ambientales.

Nápoli dijo que, después de la audiencia, pidió a Acumar que explicara cómo se gastaron los 5.200 millones de dólares, y agregó que si la respuesta no fuera satisfactoria, presentaría una demanda demandando una investigación sobre una posible corrupción.

“Sólo han limpiado un poco las orillas de los ríos y han eliminado muchos de los barcos que habían hundido décadas atrás”, dijo el diplomático Raúl Estrada Oyuela, miembro de la Asociación de La Boca, el barrio donde el Riachuelo corre en el Río de la Plata, dijo a IPS.

“Pero hay una falta de voluntad para abordar el problema principal, que es la contaminación del agua, el suelo y el aire, porque eso significaría afectar los intereses de las industrias, que por supuesto tendrían que hacer inversiones importantes si fueran forzadas a pasar a un sistema de producción limpia “, dijo Estrada, conocido internacionalmente en temas ambientales y presidente del comité que en 1997 produjo el Protocolo de Kyoto sobre cambio climático.

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